La aristocracia holandesa cuenta con una trayectoria rica en tradiciones, estrechamente vinculada al ascenso marítimo de la República de los Países Bajos Unidos y al legado burgundio de las provincias históricas. Entre las vastas tierras de diques, los poderosos entornos fluviales de grandes ríos y las ciudades comerciales emergentes, la aristocracia representaba el fundamento militar y político del país. Un holandés Título nobiliario representaba privilegios estamentales, un notable talento diplomático y la defensa persistente de las libertades regionales frente a las potencias hegemónicas extranjeras.
En nuestro registro histórico se reúnen los más prestigiosos miembros de esta aristocracia del noroeste de Europa. En la cima de la jerarquía señorial se encuentra el prestigioso rango de conde, cuyo titular goza de vastos territorios y que marcó decisivamente la vida cotidiana del país. A su lado se encuentra el estimado rango de barón, que servía como señor de la tierra y senador para la fuerza militar de los caballeros, la agricultura y las vastas jurisdicciones judiciales. Completan el panorama la venerable dignidad de caballero, que personificaba el ideal vivo del servicio caballeresco y de los nobles de la provincia. Cada uno de estos rangos transmite la discreta nobleza y el autoconfianza histórico de la aristocracia neerlandesa.





